miércoles, 12 de enero de 2011

Dios es el Bien y el Bien es Dios



Porque la amplitud del Bien es tan grande como la realidad de todos los seres, de los corpóreos y de los incorpóreos, de los sensibles y de los inteligibles. He ahí lo que es el Bien, he ahí lo que es Dios. Por lo tanto no vayas a llamar buena a ninguna otra cosa, pues es una impiedad, ni vayas nunca a dar a Dios cualquier otro nombre que no sea sólo el de Bien, pues eso también es una impiedad. 

Cierto, todos pronuncian la palabra "Bien", pero no todos perciben lo que éste puede ser. Por ello es que tampoco todos perciben lo que es Dios, pero, por ignorancia, se llama buenos a los dioses y a algunos hombres, cuando sin embargo no pueden nunca serlo ni llegar a serlo: pues el Bien es lo que menos se puede sustraer a Dios, es inseparable de Dios, puesto que es Dios mismo. Se honra con el nombre de Dios a todos los demás dioses inmortales: pero Dios, él, es el Bien, no por una denominación honorífica, sino por naturaleza. Porque la naturaleza de Dios no es sino una cosa: el Bien, y ambos juntos no constituyen sino una sola y única especie, de la que salen todas las especies. Pues el ser bueno es aquél que da todo y no recibe nada. Pues bien, Dios da todo y no recibe nada. Dios es pues el Bien, y el Bien es Dios.