
Ahora bien, esta cualidad no pertenece a ningún otro sino
sólo a Dios. Porque no hay nada que le falte, de modo que ningún deseo de
posesión puede volverle malo, y nada hay tampoco entre los seres que él pueda
perder y cuya pérdida pueda entristecerle (pues la tristeza es una parte del
mal), y nada hay tampoco que sea más fuerte que él y pueda tratarle como
enemigo (pues asimismo no liga con su naturaleza sufrir algún agravio), ni nada
hay que sea más bello y pueda así inspirarle amor, ni nada que rehúse
obedecerle y contra lo cual tenga ocasión de irritarse, ni nada que sea más sabio
y pueda despertar sus celos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario