
Puesto que, entre esas pasiones, ninguna pertenece a la
Esencia ¿qué le queda entonces, si no es únicamente el Bien? Ya que, de la
misma manera que ninguno de los otros atributos puede encontrarse en una
esencia así constituida, tampoco en ninguno de los otros seres se encontrará el
Bien. En efecto, todos los demás atributos se encuentran en todos los seres, en
los pequeños y en los grandes, en cada uno de los seres tomado aisladamente y
en ese Viviente mismo, que es más grande que todos y el más poderoso: pues todo
lo que es engendrado está lleno de pasiones, ya que la generación misma implica
un padecer. Pues allí donde está la tristeza, no hay ningún lugar para el Bien,
y donde está el Bien, no hay lugar para ninguna pasión. Allá donde está el día,
no hay lugar para la noche, y allá donde está la noche, no hay lugar para el
día. Por ello es que el Bien no puede tener sitio en lo que ha venido al ser,
sino solamente en lo no engendrado. Sin embargo, como la materia ha recibido en
don participación en todos los arquetipos, al mismo tiempo ha recibido
participación en el Bien. Es de esta manera que el mundo es bueno: porque él
también produce todas las cosas, de modo que atendiendo a su función de
producir, es bueno. Pero, por todo lo demás, no es bueno: en efecto, está
sujeto al sufrimiento, y es móvil, y productor de seres capaces de sufrir