En efecto, lo que aparece a
los ojos hace nuestras delicias mientras que lo no aparente despierta en
nosotros la duda. Ahora bien las cosas malas son más aparentes a los ojos. El
Bien por el contrario es invisible a los ojos visibles. No tiene en efecto ni
forma ni figura. Es por ello que aunque es semejante a sí mismo, es desemejante
a todo el resto: pues es imposible que algo incorpóreo se muestre como aparente
a un cuerpo. Tal es la diferencia de lo semejante con lo
desemejante, y la deficiencia que afecta a lo no semejante con respecto a lo
semejante.
Hace 15 horas
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