Así es que, la mónada, siendo
principio y raíz de todas las cosas, existe en todas las cosas, en tanto que
raíz y principio. Ahora bien nada existe sin principio. En cuanto al principio
mismo, él no ha salido de nada, sino es de él mismo, ya que es en efecto
principio de todo el resto. Siendo así principio, la mónada comprende todo
número, sin estar comprendida en ninguno de ellos. Y engendra todo número, sin
ser engendrada por ningún otro número. Efectivamente, todo lo engendrado es
imperfecto y divisible, extensible y reducible; pero nada así afecta a lo
perfecto. Y, si bien lo que es extensible deriva su extensión de la mónada,
sucumbe al contrario por su propia debilidad cuando no es más capaz de
contenerla.
Hace 1 día
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