lunes, 9 de marzo de 2009

IXX De cómo la Providencia actúa por medio del Destino


Habiendo Dios hablado así, la Providencia, por medio del Destino y de la armonía de las esferas, obró las conjunciones y estableció la generación, y todos los seres se multiplicaron, cada uno según su especie. Y aquél que se ha reconocido a sí mismo ha llegado al bien más preciado entre todos, mientras que aquél que ha querido al cuerpo, fruto de la equivocación del deseo, permanece errante en la Oscuridad, sufriendo sensiblemente las cosas de la muerte.

martes, 3 de marzo de 2009

XVIII De cómo la causa de la muerte es el deseo


Escucha ahora esto que ardes por entender. Una vez que hubo acabado enteramente ese período, el lazo que unía todas las cosas fue roto por la voluntad de Dios. Pues todos los animales que hasta entonces eran andróginos fueron separados en dos al mismo tiempo que el hombre, y se convirtieron unos en machos por una parte y otros por otra en hembras. Inmediatamente dijo Dios con palabra santa: "Creced en acrecentamiento y multiplicáos en multitud, vosotros todos, mis criaturas y obras. Y que aquél que tiene Intelecto se reconozca él mismo como inmortal, y que sepa que la causa de la muerte es el deseo, y que conozca a todos los seres".

domingo, 8 de febrero de 2009

XVII De los 7 hijos nacidos de la unión de Naturaleza con el Hombre por gracia del Amor


Así entonces, como decía, la generación de estos siete primeros hombres se hizo como sigue: hembra era la Tierra, el Agua el elemento generador, el Fuego condujo las cosas a la madurez, la Naturaleza recibió del Eter el Aliento Vital y produjo sus cuerpos según la forma del Hombre. En cuanto al Hombre, de vida y luz que era, se trocó en alma y en intelecto (noûs), la vida en alma, la luz en intelecto. Y todos los seres del mundo sensible permanecieron en este estado hasta el fin de ese ciclo y el comienzo de las especies

domingo, 9 de noviembre de 2008

XV-XVI De la doble naturaleza del hombre


Por eso el hombre, solo entre todos los seres que viven sobre la tierra, es doble: mortal por su cuerpo, inmortal por el Hombre esencial. Aunque en efecto sea inmortal, y tenga imperio sobre todas las cosas, padece la condición de los mortales, sujeto como está al Destino. Por esto, aunque esté por encima de la armonía de las esferas, se ha vuelto esclavo dentro de ella. Él es andrógino porque procede de un padre andrógino, y no duerme porque viene de un ser que vela, pero no por ello deja de ser vencido por el deseo y el sueño.

¿Y después de eso, oh Noûs mío?, porque en verdad ardo de deseo por lo que me estás diciendo. Entonces dijo Poimandrés: – Lo que voy a narrarte es el misterio que ha sido mantenido oculto hasta este día. Habiéndose unido en efecto la Naturaleza al Hombre por amor, ocasionó un prodigio completamente sorprendente. El Hombre tenía en sí la naturaleza conjunta de los siete, compuestos, como te dije, de fuego y de aliento; la Naturaleza entonces, incapaz de esperar, parió al punto siete hombres correspondientes a las naturalezas de los Siete Regentes, andróginos, irguiéndose hacia el cielo. – ¿Y después de esto, Poimandrés?, verdaderamente he llegado a un deseo extremo y me consumo por oírte. No te apartes del tema. Pero Poimandrés me dijo: – ¡Cállate pues!, no he acabado todavía de exponerte el primer punto – Ya me callo, respondí.

jueves, 2 de octubre de 2008

XIV Dios sonrió de amor

Entonces el Hombre, que tenía pleno poder sobre el mundo de los seres mortales y de los animales sin razón, se inclinó a través de la armonía de las esferas cuyas envolturas había roto, y manifestó la hermosa forma de Dios a la Naturaleza de abajo. Cuando ésta hubo visto que él tenía en sí mismo la forma de Dios junto con la belleza inagotable y toda la energía de los Regentes, sonrió de amor: porque había visto reflejarse en el Agua el semblante de esta forma maravillosamente bella del Hombre, y a su sombra sobre la Tierra. En tanto que él, habiendo percibido esta forma semejante a él presente en la Naturaleza, reflejada en el Agua, la amó y quiso habitar allí. Desde el mismo momento que lo quiso lo cumplió, y habitó la forma sin razón. Entonces la Naturaleza, habiendo recibido en ella a su amado, lo abraza completamente, y ellos se unen pues arden de deseo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

XIII Sobre la potencia de aquél que reina sobre el fuego


Pero, cuando el Hombre hubo observado la creación que el demiurgo había modelado en el fuego, también él quiso producir una obra, y para ello el Padre le dio permiso. Entrando en la esfera demiúrgica, donde él debía tener plenos poderes, observó las obras de su hermano; y los Regentes amaron al Hombre, y cada uno le dio participación en su propia magistratura. Entonces, habiendo aprendido a conocer su esencia y habiendo recibido participación de su naturaleza, quiso pasar a través de la periferia de los círculos, y conocer la potencia de aquél que reina sobre el fuego.

sábado, 22 de marzo de 2008

VIII De la Voluntad de Dios


Como sin embargo estaba completamente fuera de mí, él me dijo nuevamente:
Has visto en el Noûs la forma Arquetípica, el preprincipio anterior al comienzo sin fin; así me habló Poimandrés.
Ahora bien, ¿de dónde han surgido los elementos de la naturaleza?, dije. El respondió:
De la Voluntad de Dios, que, habiendo recibido en ella el Verbo y habiendo visto el hermoso mundo arquetípico, lo imitó, quedando modelada en un cosmos según sus propios elementos y su progenie, las almas.

viernes, 15 de febrero de 2008

VII Sobre el destino


Así pues, todos los hombres se hallan sujetos al destino, pero los que poseen el logos –en los cuales hemos dicho que el intelecto gobierna– no lo están del mismo modo que los demás: liberados del mal, no sufren su destino como malos.


¿Qué es lo que quieres decir aún, padre?


¿no es malo el adúltero?


¿no lo es el homicida, y así todos los demás?


El hombre en posesión del conocimiento, hijo mío, no padecerá por cometer adulterio sino como si lo hubiese cometido; no por haber matado, aunque como si lo hubiese hecho. Pues si bien es cierto que no es posible escapar de las condiciones del cambio ni del nacimiento, el que posee el intelecto puede escapar del mal.

sábado, 2 de febrero de 2008

VI Sobre el poder del intelecto




Pero dejemos esto por ahora, no es el momento de discurrir sobre el vicio y sobre la fatalidad. Ya hemos hablado de ello en otra parte, ahora estamos tratando del intelecto: en qué consiste su poder; qué cualidades contiene, en sí, en los hombres que poseen unas características, en los animales carentes de razón que poseen otras. Y también de que, si bien en unos vivientes no produce sus buenos efectos, sino que estos últimos se muestran desiguales en todos, según extinga lo irascible y lo concupiscible –y entre dichos vivientes hay que considerar a unos como hombres en posesión del conocimiento, y a los demás como hombres sin logos–, por contra todos los hombres están sometidos a la Fatalidad; al nacimiento y el cambio, pues estos últimos son el comienzo y el fin de la Fatalidad.

sábado, 29 de diciembre de 2007

V Discurso de Hermes a su Hijo


Entonces, padre, la doctrina de la fatalidad, que recién me expusiste, corre el riesgo de ser contradecida por ésta. En efecto, si el destino ha fijado inexorablemente que éste u otro sea adúltero o sacrílego, o cometa cualquier otro crimen, ¿podrá castigarse a aquél que ha cometido ese acto bajo el apremio de la Fatalidad? – Todo es obra de la Fatalidad, hijo mío, y sin ella nada puede suceder de cuanto se relaciona con las cosas del cuerpo, ni para bien ni para mal. La Fatalidad ha decretado igualmente que aquél que ha hecho el bien experimente las consecuencias de ello, y por esta razón actúa para sentir lo que siente por haber actuado así.

jueves, 27 de diciembre de 2007

IV Discurso de Hermes a Tat


Cuando, por el contrario, las almas humanas no han obtenido al intelecto como guía, sufren idéntica condición que las de los animales sin razón. En efecto, el intelecto colabora con ellas al dejar el campo libre a la intemperancia, y las almas se dejan llevar por la violencia de sus apetitos hacia esas concupiscencias que tienden a lo irracional y al igual que los animales carentes de razón, no cesan en su entrega a los movimientos irracionales de la cólera y la intemperancia y nunca encuentran la satisfacción a sus vicios: pues los movimientos irracionales de la cólera y la concupiscencia son los vicios mayores. A esas almas es a las que ha impuesto Dios el gobierno de la ley, para castigarlas e inculparlas con el pecado.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

II - III De Hermes Trismegisto a Tat


En todo lugar donde hay alma, hay intelecto, así como en todo lugar donde hay vida hay también alma. Pero en los animales carentes de razón, el alma sólo es vida pura, sin intelecto. Pues el intelecto únicamente otorga sus beneficios a las almas de los hombres: las talla para el bien. En los animales carentes de razón coopera con el instinto natural presente en cada uno de ellos, mientras que en las almas de los hombres actúa en contra de él. Ya que toda alma, desde el momento en que entra en un cuerpo, es pervertida al punto por el dolor y el placer, pues el dolor y el placer son como los humores del cuerpo compuesto que hierven en su interior y en los cuales el alma se sumerge y ahoga.
III Así, cuando las almas permiten que el intelecto las gobierne, éste les manifiesta su luz y se opone a sus temores. Y tal como un buen médico hace sufrir al cuerpo que es ya presa de la enfermedad cuando cauteriza o corta su parte enferma, así el intelecto hace sufrir al alma apartándola del placer, que es la causa de donde se promueven todas sus enfermedades. Ahora bien, la gran enfermedad del alma es la negación de Dios, y después de ésta la opinión errónea: de ellas proceden todos los males, y ningún bien. Por ello, el intelecto, al luchar contra la enfermedad, confiere el bien al alma del mismo modo que el médico cuando trae la salud al cuerpo.

domingo, 23 de diciembre de 2007

VIII Dios se enamoró de su forma


Ahora bien, el Noûs, Padre de todos los seres, siendo vida y luz, produjo un Hombre parecido a él, del que se prendó como de su propio hijo. Pues el Hombre era muy hermoso, reproducía la imagen de su Padre: porque verdaderamente es de su propia forma que Dios se enamoró, y le entregó todas sus obras.

jueves, 20 de diciembre de 2007

VII De cómo el Nous puso en marcha el movimiento circular


Sin embargo, el Noûs demiurgo, conjuntamente con el Verbo, conteniendo los círculos y haciéndolos girar con un zumbido, puso así en marcha el movimiento circular de sus criaturas, permitiéndoles cumplir su revolución desde un comienzo indeterminado hasta un fin ilimitado, pues él comienza donde se acaba. Y esta rotación de los círculos, según el querer del Noûs, produjo, sacándolos de los elementos que pesan hacia lo bajo, animales sin razón (pues ya no retenían el Verbo en ellos), el aire produjo volátiles y el agua animales acuáticos. La tierra y el agua habían sido separadas una de otra, según el querer del Noûs, y la tierra hizo salir de su propio seno los animales que retenía en sí, cuadrúpedos y reptiles, bestias salvajes y domésticas.

lunes, 17 de diciembre de 2007

VI De que el Verbo de Dios se elevó por encima de la materia


X Inmediatamente el Verbo de Dios se elevó fuera de los elementos que pesan hacia abajo, y se lanzó hacia esa pura región de la naturaleza que acababa de ser formada, se unió al Noûs demiurgo (pues era de la misma esencia) y, a causa de ello, los elementos inferiores de la naturaleza fueron abandonados a sí mismos desprovistos de razón, para no ser ya sino simple materia.

sábado, 15 de diciembre de 2007

V De los Siete Regentes del Destino.


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IX Pero el Noûs Dios, siendo andrógino, existiendo como vida y luz, procreó con su palabra un segundo Noûs demiurgo que, siendo dios del fuego y del aliento vital, moldeó Regentes, siete en número, que envuelven en sus círculos al mundo sensible; y su gobierno es llamado el Destino.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

IV Acerca de que la Naturaleza surge de la Voluntad de Dios


VII Con estas palabras él me miró de frente largo tiempo, tanto que temblé ante su aspecto. Después, cuando volvió a levantar su cabeza, yo vi en mi Noûs la luz, consistente en un número incalculable de Potencias que se tornaban un mundo sin límites, mientras el Fuego era envuelto por una fuerza todopoderosa y así, firmemente contenido, había fijado su posición. Esto fue lo que discerní en esta visión, animado por la palabra de Poimandrés.

VIII Como sin embargo estaba completamente fuera de mí, él me dijo nuevamente:
– Has visto en el Noûs la forma Arquetípica, el preprincipio anterior al comienzo sin fin; así me habló Poimandrés.
– Ahora bien, ¿de dónde han surgido los elementos de la naturaleza?, dije. El respondió:

– De la Voluntad de Dios, que, habiendo recibido en ella el Verbo y habiendo visto el hermoso mundo arquetípico, lo imitó, quedando modelada en un cosmos según sus propios elementos y su progenie, las almas.

viernes, 30 de noviembre de 2007

III Acerca de que el Verbo y Noûs son la misma cosa

VI Entonces Poimandrés dice:

– ¿Has comprendido lo que significa esta visión?,

y yo:
– Lo sabré.

– Y él dice:

esta luz soy yo, Noûs, tu Dios, aquél que es antes de la naturaleza acuosa que se ha manifestado de la oscuridad. En cuanto al Verbo luminoso salido del Noûs, es el hijo de Dios.

– ¿Qué?, dije.

– Aprende lo que quiero decirte de este modo: lo que en ti mira y comprende es el Verbo del Señor, y tu Noûs es Dios Padre; no están separados uno del otro, pues en su unión consiste la vida.

– Te doy las gracias, dije.

– Pues entonces fija tu espíritu en la luz y aprende a conocer esto.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

II Sobre la acción del soplo del Verbo

IV Con estas palabras transformó su apariencia y todo se desveló instantáneamente ante mí, y contemplé una visión sin límites, todo vuelto luz, serena y alegre, y habiéndola visto, me quedé enamorado de ella. Y poco después, sobrevino una oscuridad terrorífica y sombría, que se dirigió hacia abajo enrollándose en espirales tortuosas, semejante a una serpiente según me pareció. Luego esta oscuridad se convirtió en una especie de naturaleza acuosa, agitada de una manera indecible, que exhalaba un humo como el que sale del fuego, y producía una especie de sonido, un gemido indescriptible. Después brotaba de ella la llamada de un grito inarticulado, tal que yo lo comparaba con el sonido del fuego,

V al mismo tiempo que, saliendo de la luz, el Verbo santo vino a abrazar la Naturaleza, y un Fuego sin mezcla se lanzó fuera de la naturaleza acuosa hacia lo alto, hacia la región sublime; era ligero y vivo, y activo al mismo tiempo; y el Aire, siendo ligero [también], siguió al soplo ígneo, elevándose hacia el Fuego a partir de la Tierra y el Agua, de manera que parecía suspendido del Fuego. La Tierra y el Agua permanecían en su lugar, ambas íntimamente mezcladas entre sí, tanto, que no se distinguían: y eran incesantemente movidas bajo la acción del soplo del Verbo que se encontraba por encima de ellas, según el oído percibía.

martes, 6 de noviembre de 2007

I De cómo Hermes revela la Enseñanza


I Un día que había comenzado a meditar sobre los seres, y que mi pensamiento volaba en las alturas mientras mis sentidos corporales estaban atados como les ocurre a aquellos a los que vence un pesado sueño traído por exceso de alimento o por una gran fatiga del cuerpo, me pareció que ante mí se aparecía un ser inmenso, más allá de cualquier medida definible que, llamándome por mi nombre, me dijo:
¿Qué es lo que quieres oír y ver, y aprender y conocer por el entendimiento?
II ¿Quién eres?, le pregunté.
Yo soy Poimandrés, respondió, el Noûs de la Soberaneidad Absoluta. Sé lo que quieres y estoy contigo dondequiera.
III Y yo dije:
Quiero ser instruido sobre los seres, comprender su naturaleza, conocer a Dios. ¡Cómo deseo saber!, dije. A su vez, me respondió:
Guarda bien en tu mente todo lo que quieres aprender y yo te enseñaré.